Son las 4.
Estamos en el aula 218 del Departamento, como siempre.
Se aclaran algunas dudas sobre cómo tenemos que desarrollar el ejercicio (no es un trabajo, dice M. J. Buxó) a partir de unas preguntas que presentó Verónica en un correo. Lo más importante parece ser el hecho que hay que trabajar molt a petita escala. Eso intentaremos...
Ricard Faura nos hace entonces una introducción a la Xarxa de Telecentres de Catalunya a partir de una presentación que se proyecta desde el ordenador, naturalmente.
Se hace referencia a los inicios en el 2002 con el Pacto Institucional para la promoción y el desarrollo de la sociedad de la información en las administraciones públicas catalanas.
Ricard nos cuenta del proyecto NODAT, del proyecto ÒMNIA, de los centros de Teletrabajo y de las demás iniciativas: bibliotecas, Centros de Información Juvenil, Centros Cívicos, etc.
Se trata de una red heterogénea con elementos comunes. Los Telecentros ofrecen acceso a Internet y a las TIC, la figura del dinamizador y formación y alfabetización digital.
Es la red virtual la que da unidad a la red física, todo bajo una gestión compartida entre las Generalitat y las corporaciones locales.
Después de esta introducción general nos dirigimos hacia lo particular: tenemos que visitar dos Telecentros.
El primero es el Ravalnet, que comparte sus locales con el Teb en Carrer dels Salvadors 6, bxs, en el barrio del Raval.
Éster, con un vestido negro y el pelo corto, nos acoge en la entrada del centro. Es muy amable y un poco nerviosa, se ha preparado un discurso que quiere hacernos sólo después de un pequeño recorrido por el centro. Pasamos la entrada, entramos en la sala Omnia, donde están los ordenadores y donde, en ese momento, estaba jugando un grupo de niños que Éster nos pide que no fotografiemos: son niños protegidos.
De aquí dos reflexiones:
- Desde que estoy estudiando Antropología visual y estoy trabajando continuamente con medios visuales en la investigación, se ha vuelto más difícil sacar la cámara de su funda. Noto el peso de ese gesto y no siempre merece la pena. Decido dejar la cámara a descansar en su sitio. En cambio, Lidia y Armando no parecen tener pensamientos parecidos y se deleitan con sus pequeñas digitales.
- ¿Qué sentido tiene publicar en un blog un dato como el de la situación de los niños que encontramos? En un diario de campo no-virtual este dato podría no suponer ningún problema, pero dado el nivel público que tiene el blog no sé como tratar temas más delicados...
De la sala Omnia pasamos a las pequeñas y bien organizadas salitas de radio. Nos paramos un rato y ponemos en dificultades a Éster, que quiere exponer su discurso de forma lineal. Contesta a nuestras preguntas sobre la radio y sobre la historia del centro. Tenemos prisa por saber, no la dejamos seguir su hilo. Nos cuenta brevemente cómo nació la asociación de jóvenes TEB en el 92, respondiendo a la necesidad del barrio de un espacio para chicos con más de 12 años. Más adelante nace el Ravalnet de la aceptación de los jóvenes a dejar entrar adultos en su territorio y desde entonces los dos proyectos conviven.
Es el primer momento en el que me resulta clara la dificultad que supone esta visita de grupo. Somos 8, más Ricard y la Buxó 10, y hemos entrado de forma para nada gradual en un espacio que tiene su ritmo, su orden, su desorden. En el espacio reducido de la cabina de radio entiendo como nunca antes el carácter solitario del trabajo de campo, la introducción gradual y discreta en el campo. En este momento no somos ni discretos, ni graduales. Y además tenemos prisa...
Nos movemos hacia la última sala y pasamos delante del cuarto dedicado a las tablas de surf para el proyecto del Ravalsurf. Éster parece estar orgullosa de este proyecto insólito que permite abrir la posibilidad de aprender a hacer surf a unos chicos que de otra forma lo tendrían muy fuera de su alcance: subraya la conotación de clase que tiene el surf y plantea al proyecto como una superación de este límite.
La sala donde nos sentamos es bastante grande, tiene una mesa en el centro y muchas sillas alrededor. Una pared blanca en el fondo funciona como pantalla para proyectar videos (desafortunadamente, por problemas técnicos, no pudimos disfrutar de este instrumento porque, como dijo Éster, "en casa del herrero, cuchillo de palo"). Entrando a la izquierda hay dos puertas: la primera da a la pequeña biblioteca y la segunda a la salita de reparación de ordenadores.
Éster empieza a contar con más detalles cómo funciona el centro. Nos subraya mucho la importancia de las nuevas tecnologías, que tienen que estar muy presentes en las actividades (por esta razón fue difícil hacer encajar el proyecto del surf). Los chicos aprenden a hacer blogs y a utilizar la web, pero también a reparar los ordenadores. Este proyecto de reparación empezó para ayudar a la gente del barrio que necesitaba asistencia técnica y hoy sigue a nivel interno en el centro pero también al servicio de vecinos, entidades del barrio y empresas (¡con diferencia de tarifas, por supuesto!)
Los trabajadores del centro son 9 y se turnan a lo largo del día con las múltiples actividades que se desarrollan sobre todo en la sala Omnia, que, como dice Éster, es el corazón de la casa.
Parece que todo surje de las necesidades de los chavales, incluso las asambleas en las que se toman las decisiones están impulsadas por los chicos.
Nos enseña el programa de este trimestre, que incluye talleres de informática, tanto de iniciación como de prácticas, talleres de navegación en Internet, actividades en la calle, taller de futbolín, de breakdance, de rimas, de percusión. Y además, una iniciativa para la creación de una biblioteca (en la que parecen muy implicadas unas chicas de Bangladesh), un taller de maquetas, el Ravalsurf, un taller de cine y un taller de creación de videojuegos. A propósito de este último, Éster nos cuenta que la historia que se está construyendo como trama del videojuego es la vida de una chica paquistaní, que después de vivir toda su vida en Barcelona, a la edad de 22 años se encuentra delante de una difícil situación: su familia le ha organizado una boda con un chico de Paquistán y ella tiene que irse y quedarse en ese país. El desarrollo argumental del videojuego sigue viendo lo que pasa si la protagonista se va a Paquistán o si se queda en Barcelona y quizás se convierte en peluquera...
Hay también un proyecto de video.
Éster explica cómo la gente muy desestructurada percibe que la tecnología puede ayudarles: nos da el ejemplo de una chica okupa que deja informaciones para quien pase después de ella y de una lista de correo para los sin techo.
Nos comenta que se acaban de hacer reformas en el centro, cosa que se percibe por las paredes recién pintadas y otros detalles de muebles muy nuevos. Éster dice que no quieren ser el basurero del barrio, de los amigos, y por eso se han desecho de muchas cosas inútiles que habían acumulado.
Empieza una reflexión sobre las características propias de grupos de chicos y chicas: parece que las chicas, sobre todo un grupo de primas de origen bangladés y paquistaní, no quieren jugar, sino que quieren desarrollar todo el tiempo actividades didácticas que tengan relación explícita con el aprendizaje (la creación de la biblioteca, la construcción del videojuego); los chicos se ven mas atraidos por cosas que tienen un resultado inmediato, como un blog o una página web.
Éster sostiene que la diferencia está más en el hecho de ser chicas o chicos que en el de pertenecer a un colectivo diferente. A pesar de esto, dice que los dinamizadores se ven obligados a rellenar una ficha que clasifique a la gente que pasa por el centro en categorías: autóctonos, comunitarios, extracomunitarios o gitanos.
Tenemos que ir, nos esperan en el telecentro de Sant Antoni. Sin embargo, como en muchas ocasiones, lo más interesante sale a la luz al final. Se pregunta a Éster si podemos volver a hacer observación para nuestro trabajo y ella deja entender que los observadores no son muy bienvenidos. Nos habla del problema de la mirada en el barrio: demasiada prensa, demasiados investigadores con sus tesis doctorales. Quien quiera ir a trabajar será bienvenido, pero los observadores parecen sobrar.
Estamos en el aula 218 del Departamento, como siempre.
Se aclaran algunas dudas sobre cómo tenemos que desarrollar el ejercicio (no es un trabajo, dice M. J. Buxó) a partir de unas preguntas que presentó Verónica en un correo. Lo más importante parece ser el hecho que hay que trabajar molt a petita escala. Eso intentaremos...
Ricard Faura nos hace entonces una introducción a la Xarxa de Telecentres de Catalunya a partir de una presentación que se proyecta desde el ordenador, naturalmente.
Se hace referencia a los inicios en el 2002 con el Pacto Institucional para la promoción y el desarrollo de la sociedad de la información en las administraciones públicas catalanas.
Ricard nos cuenta del proyecto NODAT, del proyecto ÒMNIA, de los centros de Teletrabajo y de las demás iniciativas: bibliotecas, Centros de Información Juvenil, Centros Cívicos, etc.
Se trata de una red heterogénea con elementos comunes. Los Telecentros ofrecen acceso a Internet y a las TIC, la figura del dinamizador y formación y alfabetización digital.
Es la red virtual la que da unidad a la red física, todo bajo una gestión compartida entre las Generalitat y las corporaciones locales.
Después de esta introducción general nos dirigimos hacia lo particular: tenemos que visitar dos Telecentros.
El primero es el Ravalnet, que comparte sus locales con el Teb en Carrer dels Salvadors 6, bxs, en el barrio del Raval.
Éster, con un vestido negro y el pelo corto, nos acoge en la entrada del centro. Es muy amable y un poco nerviosa, se ha preparado un discurso que quiere hacernos sólo después de un pequeño recorrido por el centro. Pasamos la entrada, entramos en la sala Omnia, donde están los ordenadores y donde, en ese momento, estaba jugando un grupo de niños que Éster nos pide que no fotografiemos: son niños protegidos.
De aquí dos reflexiones:
- Desde que estoy estudiando Antropología visual y estoy trabajando continuamente con medios visuales en la investigación, se ha vuelto más difícil sacar la cámara de su funda. Noto el peso de ese gesto y no siempre merece la pena. Decido dejar la cámara a descansar en su sitio. En cambio, Lidia y Armando no parecen tener pensamientos parecidos y se deleitan con sus pequeñas digitales.
- ¿Qué sentido tiene publicar en un blog un dato como el de la situación de los niños que encontramos? En un diario de campo no-virtual este dato podría no suponer ningún problema, pero dado el nivel público que tiene el blog no sé como tratar temas más delicados...
De la sala Omnia pasamos a las pequeñas y bien organizadas salitas de radio. Nos paramos un rato y ponemos en dificultades a Éster, que quiere exponer su discurso de forma lineal. Contesta a nuestras preguntas sobre la radio y sobre la historia del centro. Tenemos prisa por saber, no la dejamos seguir su hilo. Nos cuenta brevemente cómo nació la asociación de jóvenes TEB en el 92, respondiendo a la necesidad del barrio de un espacio para chicos con más de 12 años. Más adelante nace el Ravalnet de la aceptación de los jóvenes a dejar entrar adultos en su territorio y desde entonces los dos proyectos conviven.
Es el primer momento en el que me resulta clara la dificultad que supone esta visita de grupo. Somos 8, más Ricard y la Buxó 10, y hemos entrado de forma para nada gradual en un espacio que tiene su ritmo, su orden, su desorden. En el espacio reducido de la cabina de radio entiendo como nunca antes el carácter solitario del trabajo de campo, la introducción gradual y discreta en el campo. En este momento no somos ni discretos, ni graduales. Y además tenemos prisa...
Nos movemos hacia la última sala y pasamos delante del cuarto dedicado a las tablas de surf para el proyecto del Ravalsurf. Éster parece estar orgullosa de este proyecto insólito que permite abrir la posibilidad de aprender a hacer surf a unos chicos que de otra forma lo tendrían muy fuera de su alcance: subraya la conotación de clase que tiene el surf y plantea al proyecto como una superación de este límite.
La sala donde nos sentamos es bastante grande, tiene una mesa en el centro y muchas sillas alrededor. Una pared blanca en el fondo funciona como pantalla para proyectar videos (desafortunadamente, por problemas técnicos, no pudimos disfrutar de este instrumento porque, como dijo Éster, "en casa del herrero, cuchillo de palo"). Entrando a la izquierda hay dos puertas: la primera da a la pequeña biblioteca y la segunda a la salita de reparación de ordenadores.
Éster empieza a contar con más detalles cómo funciona el centro. Nos subraya mucho la importancia de las nuevas tecnologías, que tienen que estar muy presentes en las actividades (por esta razón fue difícil hacer encajar el proyecto del surf). Los chicos aprenden a hacer blogs y a utilizar la web, pero también a reparar los ordenadores. Este proyecto de reparación empezó para ayudar a la gente del barrio que necesitaba asistencia técnica y hoy sigue a nivel interno en el centro pero también al servicio de vecinos, entidades del barrio y empresas (¡con diferencia de tarifas, por supuesto!)
Los trabajadores del centro son 9 y se turnan a lo largo del día con las múltiples actividades que se desarrollan sobre todo en la sala Omnia, que, como dice Éster, es el corazón de la casa.
Parece que todo surje de las necesidades de los chavales, incluso las asambleas en las que se toman las decisiones están impulsadas por los chicos.
Nos enseña el programa de este trimestre, que incluye talleres de informática, tanto de iniciación como de prácticas, talleres de navegación en Internet, actividades en la calle, taller de futbolín, de breakdance, de rimas, de percusión. Y además, una iniciativa para la creación de una biblioteca (en la que parecen muy implicadas unas chicas de Bangladesh), un taller de maquetas, el Ravalsurf, un taller de cine y un taller de creación de videojuegos. A propósito de este último, Éster nos cuenta que la historia que se está construyendo como trama del videojuego es la vida de una chica paquistaní, que después de vivir toda su vida en Barcelona, a la edad de 22 años se encuentra delante de una difícil situación: su familia le ha organizado una boda con un chico de Paquistán y ella tiene que irse y quedarse en ese país. El desarrollo argumental del videojuego sigue viendo lo que pasa si la protagonista se va a Paquistán o si se queda en Barcelona y quizás se convierte en peluquera...
Hay también un proyecto de video.
Éster explica cómo la gente muy desestructurada percibe que la tecnología puede ayudarles: nos da el ejemplo de una chica okupa que deja informaciones para quien pase después de ella y de una lista de correo para los sin techo.
Nos comenta que se acaban de hacer reformas en el centro, cosa que se percibe por las paredes recién pintadas y otros detalles de muebles muy nuevos. Éster dice que no quieren ser el basurero del barrio, de los amigos, y por eso se han desecho de muchas cosas inútiles que habían acumulado.
Empieza una reflexión sobre las características propias de grupos de chicos y chicas: parece que las chicas, sobre todo un grupo de primas de origen bangladés y paquistaní, no quieren jugar, sino que quieren desarrollar todo el tiempo actividades didácticas que tengan relación explícita con el aprendizaje (la creación de la biblioteca, la construcción del videojuego); los chicos se ven mas atraidos por cosas que tienen un resultado inmediato, como un blog o una página web.
Éster sostiene que la diferencia está más en el hecho de ser chicas o chicos que en el de pertenecer a un colectivo diferente. A pesar de esto, dice que los dinamizadores se ven obligados a rellenar una ficha que clasifique a la gente que pasa por el centro en categorías: autóctonos, comunitarios, extracomunitarios o gitanos.
Tenemos que ir, nos esperan en el telecentro de Sant Antoni. Sin embargo, como en muchas ocasiones, lo más interesante sale a la luz al final. Se pregunta a Éster si podemos volver a hacer observación para nuestro trabajo y ella deja entender que los observadores no son muy bienvenidos. Nos habla del problema de la mirada en el barrio: demasiada prensa, demasiados investigadores con sus tesis doctorales. Quien quiera ir a trabajar será bienvenido, pero los observadores parecen sobrar.
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